Las Rebajas 13Enero2005

La primera, naturalmente, esa tienda donde servidora ha visto un pantalón monííísimo que no se llevó por que valía una pasta gansa, pero que le hacía un tipo que ya quisiera para sí la Angélica Jolines esa. Se dirige una con las manos temblorosas, el corazón palpitante, los labios entreabiertos, la mirada fija al frente hacia la sección pantalonesparaestupendas y encuentra con horror que la talla mestrujo del adorado pantalón ha desaparecido durante las fechas previas y solamente queda la talla mahogo. Hay un duro momento de desfallecimiento, he de confesarlo, pero...un espíritu valiente se crece ante la desgracia y con valor renovado se dirige con el pantalón, dos tallas más pequeño que el otro hasta el probador, mientras musita una oración: Virgencita, Virgencita mia, que me quepa, que me quepa...
Después de quitarse la ropa que llevaba puesta, que nada más entrar en el probador parece recogida de un container, gracias a la luz que colocan en dichos cubículos, se procede a la introducción del pantalón maravilloso de la talla mahogo...se contiene la respiración, se cuenta hasta tres y...ale hop, se tira hacia arriba de la prenda como si se colocase un preservativo de látex, vulgo condón. Manteniendo la respiración contenida se llega a situar el pantalón a la altura de la cintura, ahora solamente queda abrocharlo y faltan, casi nada, dos palmitos de tejido de nada para que me llegue a abarcar la barriga. Un esfuerzo más. Tú puedes, muchacha, tú puedes. Breve espiración, inspiración profunda diafragmática y...se inserta el botón en el ojal, se ha conseguido el objetivo, ya, lo que queda es coser y cantar, cosa de nada, más maña que fuerza, la maldita cremallera, ay. Se adopta la postura de: la grulla pone sus huevos en la marisma, y, se tira de la cremallera hacia arriba, con fuerza pero sin prisas. Resultado satisfactorio. Se ha podido llegar con la cremallera casi, casi, hasta la cinturilla del pantalón. Qué maravilla. El pantalón, como Dios, aprieta pero no ahoga. Se mira una llorosa en el espejo y descubre que se ha convertido en una imagen parecida a la de un cacahuete con piel, o sea, lorza por arriba de la cinturilla, lorza por abajo de la cinturilla. No pasa nada. Que no cunda el pánico. Justamente entrando, de reojo, ha percibido en su marcha un jersey larguito, monísimo, que seguro que disimula las protuberancias baconianas, no de Bacon, si no de bacon, (léase beicon). Cubriéndose las protuberancias con la prenda esa viejísima que se traía puesta de casa y con el pantalón maravilloso se dirige una rapidamente a por el jersey larguito y al pasar una dependienta de la tienda le dice: huy, le queda monísimo, no hay ni que tocarlo. Claro, cualquiera lo toca, lo mismo estalla. Se agarra el jersey ese larguito y la vendedora al verte te propone que por qué no te pruebas también, para debajo del jersey una blusa moníiisima que tiene justo para tí. Con las dos prendas en la mano y conteniendo siempre la respiración, se dirige una de nuevo al probador. La blusa es mona, si, pero...es tres tallas más grande que la que una usa normalmente, pero es que el color le va al jersey que ni pintado, total, como es para debajo y ni se va a ver...El jersey, eso si, es de la talla justa, justa, justa. Qué alegria, señor, qué alegría. Qué guapísima estoy. Hay que ver lo que adelgaza el negro y...aparte, hoy mismo me pongo a dieta, eh?. Salgo del probador, pago con la tarjeta, soy una mujer nueva, soy, lo menos durante diez minutos una mujer feliz. Qué es la felicidad?, preguntan los filósofos. Pues, la felicidad es, ni más ni menos hijos mios que esa sensación de ser la más guapa del mundo con un pantalón de la talla mahogo que una ha conseguido abrocharse de pie. Sed buenos y temerosos de Dios. Hasta otra
(sección La Vidilla)
5 comentarios
siouxie_ -
2005.01.14 02:39
siouxie_ -
2005.01.14 02:38
Thryss -
2005.01.13 21:26
Izarbe -
2005.01.13 21:02
alucia -
2005.01.13 20:31