IN MEMORIAM 17 de marzo 2005
Hoy habrías cumplido 66 años, desde hace días me embarga una tristeza peculiar, inevitablemente los recuerdos llegan disparados a mi memoria.Recuerdo cuando de pequeña casi siempre me despertaba al oírte entrar en el baño muy temprano,y antes de irte a trabajar me dabas un beso, cuando crecí, me levantaba mientras te escuchaba afeitarte tratando de no hacer ruido en el baño, te calentaba la leche con café y ponía unas galletas con un trozo de chocolate envueltas en papel aluminio, te gustaba llevarlas para el café de media mañana en el trabajo.
Gracias mi niña- decías-, y me dabas el primer beso del dia.
te he limpiado los zapatos decía yo mientras los sacaba detrás de mi espalda y te los mostraba lustrosos-,
Una sonrisa, otro beso, acuéstate anda, que es muy temprano, sin apenas hacer ruido cerrabas la puerta de la calle y te perdías escalera abajo. Siempre regresabas tarde a casa, corría a la puerta y te daba-me dabas :un beso, yo te cogía los zapatos me sentaba en el balcón y con la punta de un cuchillo solía quitarte las virutas de acero de las suelas que se te clavaban en el taller de la fábrica, después de cenar me sentaba un ratito en la sala contigo,( usabas un madofa de paño, batín corto de caballero le llamaban en la tienda, azul oscuro de cuadros, el ultimo que usaste era verde oscuro y negro a rayas, luego llegaron las batas largas de caballero, siempre fuiste un padre moderno vistiendo, granate que bonita dijiste cuando comenzaron a vestir con otro color que no fuera azul o gris a los caballeros),
A la cama que tiene dos rombos -decías al rato.
En casa anhelábamos la llegada del sábado y el domingo, disponías de todo el fin de semana para tu familia y eran horas de juegos:¿te acuerdas? el Exin Castillos que guardábamos en el tambor del jabón Colón, la Pablita, que tenia una cuerda en la espalda y decía: mamá, mamá, quiero cocatos pabú pabú tatá... el Excalestric arriba y abajo, ¡venga peraltes y más peraltes! recuerdo aún el olor a escobillas calientes de los coches. Cuando los chicos crecieron jugábamos a indios y vaqueros, mejor dicho a india y vaqueros, porque entre los tres me perseguíais y una vez cazada la india, la atábais a una silla y aquellos dos mocosos se reían y bailaban a mi alrededor como posesos, ¡suplício, suplicio! pedían ¡hagámosle barrabasadas a la india! tu sacabas el tubo de sobrasada y me hacías tragar un poco de aquello,yo cerraba fuerte la boca, que asco aquello rojo que salía del tubo... ¡mas, más! decían aquellos borricos, ¡ahora paté de anchoas! y entonces decías: ¡ India ahora tienes que comer pepinillos! pues sabías que me gustaban... Algo más mayores jugábamos al escondite, todo era válido desde meterse en el armario, hasta intentar acomodarnos dentro del mueble de la máquina de coser, mientras escuchábamos voy a por vosotros, hasta que un dia escalando cajones, me subí sobre un armario, me tumbé pegadita sobre él, casi sin respirar cuando entrabas una y otra vez buscándome en el cuarto y te fuiste incluso a la calle por si me había escapado hecho un manojo de nervios, aquél dia si no me bajo del armario te da un síncope, vienen a mi memoria aquellos domingos hasta el monte, ¡hale Vicente! te llevabas a la tropa. Botas de monte y el canguro a la cintura puesto, ya no se ven aquellos anoraks que se guardaban en la bolsita y se ceñían a la cintura por si llovía padre.Tú nos decías ¡carrera! Procurando que regresáramos rendidos, nos ponías a recoger castañas, moras o flores para la amá. Luego a comer paella, y la siesta en el sofá
A veces llegábamos hasta la zona de los columpios del barrio de Santa Bárbara por la tarde, me empujabas cada vez más arriba en los columpios. Para aitaaaa que me vuelco, paraaaa.
Solías decir entre chanzas ¡mejor si en lugar de cuatro hijos hubiéramos tenido cuatro cerdos, menudos jamones...y qué descanso! se te encendían las mejillas de la risa.
Hoy no habrá fiesta de cumpleaños, ¿te acuerdas de las que haciamos de niños? unas fiestas entrañables; tarta, empanadillas de atún, croquetas y pan Bimbo con nocilla o chorizo de Pamplona, así me fueron llegando mi primera caja de óleos y el caballete de pintar, la flauta, la primera Nancy, mi primera sortija o el primer vestido vaquero cuando se pusieron de moda.
Te llené la casa de botes que hacia en el cole con latas forradas de papel de fieltro para los bolígrafos, una para casa, otra para el despacho, otra más para los puros... te escribía postales...
Siempre te echo de menos, sobre todo los domingos, las zarzuelas con las que nos despertabas a tope de sonido: La tabernera del puerto, Katiuska, el Caserío, Bohemios, Luisa Fernanda, Los gavilanes, La revoltosa... ya no me atrevo a ponerlos, si los pongo La Pepi llora, solo me permito en Navidad poner tu disco de masas corales, los villancicos en euskera, así me parece escucharte aun cantando por la casa... pero cuando me quedo sola, jeje, saco los vinilos, pongo en el coche tus cintas de los Xey y Demis Rousos cuando voy sola. Es mi niña bonita ,Dí papá o llora el teléfono... me cantabas para dormir, gracias a mi amigo Oz he recuperado esas canciones, en un formato mp3 para el ordenador, ¿que no sabes qué es eso? Tecnología aitá, tecnología.
Sobre todo recuerdo la canción de cuna familiar, Silencio, silencio callar, no quiero líos en la vecindad, en el primer piso vive una señora, señoraaaaa, no sé si soltera o casada está pero hay un niño que dice mamá... Tus nietos se han dormido tantas veces con esa misma canción, Maialen la más pequeña, la que no llegaste a conocer, está preciosa, ya tiene ocho dientes , se parece mucho a mi hermano y reparte alegría por donde vá, Enara es un bichito más lista que el hambre, habla por los codos una lengua arapajoe divertidísima, cuando vé tu foto dice Aitona, tiene tus mismas manos y Egoitz se está haciendo un hombrecito. Aquí todos seguimos más o menos bien, La Pepona trata de reponerse día a día, yo aún te lloro a escondidas, todos te echamos de menos.
Los días que me levanto triste, me pongo tu camisa de paño a cuadros, la de color chocolate, me queda grande, jejej, he pasado días de frio este invierno acurrucada en tu chaqueta de lana beige, los días que me levanto mas torcida que tu dedo índice salgo a la calle con tu chaquetón de cuero,no veas ¡me queda enorme!,larga como un abrigo,pero voy la mar de contenta y al final el día se endereza ó se mitiga la pena.Yo creo que ese chaquetón tiene duende...
Esta mañana te habría llamado temprano Zorionak Aitatxo (felicidades papaíto),gracias mi niña me habrías dicho,habríamos ido por ahí con la Pepi a comer, y por la tarde merienda familiar, tarta, velas,fotos y regalo.Seguirías diciéndome:
-Cada año estoy mas viejo, pero estoy echo un toro, ¿cuando sea viejito me cuidaras?
Recuerdo el sonido de tus besos en mis mejillas, como un chasquido blando, sonoro, grande. Y tu manera de silbar,no sé por qué la he adoptado como mía,silbo igual a tus nietas,sin querer me sale, sonríen, reconocen el silbido y me miran fiii fuuuu les silbo al acercarme y me apeno sola pensando que te lo pierdes, ellas se han perdido ver acercarse al aitona de los juegos y los cuentos.
Me acuerdo mucho de las veces en los últimos años que me silbabas bajo la ventana para avisarme que te ibas a dar un paseo, a veces nos íbamos juntos, y en medio de la caminata un caldito, un pinchito... otras parabas a la vuelta en mi casa,
-una cervecita mi niña que traigo una sed
-¿te hago unos huevos fritos? ¿con chistorrita?
Y los ojos te hacían chiribitas, te sentabas en la mesa y me contabas lo que habías visto durante el paseo,
-hoy me he recorrido las tres playas
-Hoy he llegado hasta el puerto, que bonito están dejando aquello
- mira hoy me he pasado por el mercado, mira mi niña lo que te traigo: habitas tiernas,
- ¿tienes otra cervecita?
-bueno me voy a buscar a tu madre y nos vamos a casita, ¿vienes mañana a comer?Voy a hacer manitas de cerdo, ¿te vengo a buscar y tomamos algo antes?
-un beso en la puerta, hasta mañana aitá...
¿Te acuerdas de la ultima vez que bailamos? Fué en la boda de la pequeña, arañaste días a tu vida para llevar a mi hermana pequeña hasta el altar de aquella iglesia en medio del valle.
-Yo entro andando, levantarme de la silla de ruedas, y caminaste cogida ella a tu brazo, arrastrando los pies hasta el altar, los músculos cansados y castigados por la quimioterapia, solo te volviste a levantar de la silla una vez más, al borde de la pista de baile para bailar la primera canción con la novia, repetías qué feliz soy en sus brazos, apenas moviéndote del sitio, luego abrazaste a amá en un balanceo lento y finalmente te cogí por la cintura con mi mano izquierda, uní mi derecha a la izquierda tuya, me mirabas sin apenas verme, sonreías...
-¿estás contento aitá?
- Estoy feliz mi niña...
La música cesó y todos aplaudían, más de uno se enjugaba discretamente una lágrima, volviste a tu silla:
-ya hemos casado a la pequeña repetías. Te encendí un puro ¡jolín un Cohíba...! fuma aitá fuma, después te encendí otro, el último que te fumaste en tu vida,
-que maja la doctora que me ha dejado hoy fumarme un puro y tomarme un vinito repetías...
Si un dia se casa mi niña, vestida de blanco armiño...cantabas de pronto a coro con Ramón y Emilio tus amigos, "mi niñaaa guapa, ven canta conmigo..."
Yo sé que a todos los hombres
les debe pasar lo mismo
que cuando van a ser padres, quisieran tener un niño
luego les nace una niña, sufren una decepción
y después la quieren tanto que hasta cambian de opinión
es mi niña bonita con su carita de rosa
es mi niña bonita, cada dia más preciosa
es mi niña bonita, hecha de nardo y clavel
es mi niña bonita, es mi niña bonita, ¡cuanto la voy a querer!
Si un dia se casa mi niña....
vestida de blanco armiño,
recordaré que soñaba con que al nacer fuera un niño,
luego le rezo y le pido al señor del gran poder,
que el hombre que se la lleve, la sepa siempre querer...
Nunca más te oí cantar, agotaste tus fuerzas aquel dia, las semanas siguientes pasamos horas hablando de los recuerdos, tu mente no recordaba lo que habias comido el dia anterior, pero no olvidaba nada de cuando eramos niños. A veces no te salía mi nombre, después de la operación comenzaste a llamarme risitas, hombre ya viene mi risitas, Mira Pepi ya está aquí otra vez mi sonrisitas , te fuiste llamándome mi niña
¿mi niña me das agua? ¿mi niña me ríes? mi niña, me comería mas a gusto una manzana...
Nada aitá, me puse a recordar y me he puesto tontorrona, he acabado poniéndome tu camisa de cuadros, ya es media noche. Mañana me tomo un vermouth preparado con campary y jijilimuji como a ti te gustaba a tu salud, te he comprado una isquenia , la plantaré con unas esparragueras colgantes a ambos lados, también he cogido begonias, el otro día planté margaritas, de color granate y ocre, voy a llevarte también unos narcisos que ya han florecido, el sábado volveré a verte, hay tanto silencio y huele a mar allí, se escucha el ruido del viento entre los árboles, el panorama es tan bello con las montañas.... No pudo comprar en mejor sitio el panteón el abuelo. Algo tenía que hacer bien Marcelino...
¿Sabes? no estoy triste. ya es tu cumpleaños, ¡zorionak aitatxo.!
Trhyss."
Madrid. Año 1951, Marcelino, madrileño de nacimiento, había estudiado ingeniero de minas en Almadén, provincia de Ciudad Real, allí conoció a su mujer y al terminar la guerra, se llevó a la familia de su mujer a la capital. Marcelino al que su familia llamó cariñosamente Pepe toda su vida, salía cada mañana temprano hacia su trabajo de delineante. A la salida de la oficina, se daba siempre una vuelta a ver que había de nuevo en los rincones oscuros del estraperlo y regresaba a casa. En un pisito con cocina, vivían él y Santa, su mujer, Pepita la hija, Valeria la suegra y dos hermanas. Marcelino llegó una noche a su casa cansado, con un pedazo de tocino envuelto en un trozo de arpillera, con más hambre que cascorro, encontró al llegar el olor de la sopa de ajo que se recalentaba en el pequeño fogón y las gachas para la niña, tras saludar, besar a su mujer y a Pepita se sentó en una silla de la cocina, dejó el trozo de tocino sobre la mesa, y se abstrajo con el recuerdo de la parada de metro de aquella mañana, aquella mañana al salir del metro el aire se había vuelto aroma, un tipo vendía bollos que sacaba de una caja, Marcelino se había mirado los bolsillos, llevaba cuatro perras a ver si conseguía algo para el puchero del día siguiente, nada... siguió caminando envidiando a aquellos que se paraban, pagaban y se llevaban una rosquilla ...se alejaba pensando en cómo poder comer bollos...
Caminaba mirando sus pies, llovía, los adoquines oscuros de la acera simulaban espejos de su silueta. La gabardina color ocre le cubría las rodillas, el agua resbalaba por sus piernas inundándole los zapatos. Una mujer caminaba entre la lluvia y la noche, evitando las luces de las farolas de la calle...

Estaba yo charlando en el general del chat de canal cultura y surgió la frase
Hoy es el cumpleaños de Enara (golondrina en euskera), mi sobrina;
Dentro de este capítulo mio que he decidido llamar la vidilla, para de alguna manera contar lo que me voy encontrando todos los días de Dios y que me llama la atención, creo que, no puedo pasar sin compartir con vosotros, los que me leeis con infinita bondad, mi percepción, nada extrasensorial sobre el maravilloso fenómeno de las rebajas. Qué son las rebajas. Eh?, qué son las rebajas, a ver. Pues las rebajas, se supone que son sustracciones operadas como por arte de magia por parte de los comerciantes en los precios de sus productos. Bien. Planteado el tema, analicemos el efecto de las rebajas sobre un ser humano que micciona sentada, de mediana edad y de clase media tirando, digamos a alta. Una se levanta el día siete de enero, harta practicamente de la vida, ahíta de tanta festividad familiar, convertida en terapia de grupo en el caso de mi familia, y, de repente, cuando tiene la botella de lejía en los labios, dispuesta a convertirse en el organismo más limpio y más tieso del tanatorio, recuerda, por obra y gracia del espíritu santo que...empiezan las rebajas. Una luz se va encendiendo en el interior de una misma, una esperanza. Merece la pena vivir, si. Cómo va una a abandonar este valle de lágrimas sin haber visto primero las rebajas?. Imposible. De manera que, dejando la botella de lejía debajo del fregadero hasta nueva orden, se hace un revocado de fachada, se planta el zapato de subir abruptas montañas, las coderas con clavos antipersona y la tarjeta de crédito calentita, calentita. Preparado el equipo se dirige a recorrer las tiendas, en las que, hasta el día de antes, todo valía muchísimo más caro, dónde va a parar...
Lo primero que se necesita para hacerse lector es tener un libro. Yo tengo uno, pero tú quizá no tengas, en ese caso lo que te recomiendo es que pidas uno prestado. La gente que compra libros no suele ser muy lista, así que seguro que encuentras algún pardillo que te preste, jajaja, uno. Hay quien se ha hecho bibliotecas muy respetables (y variopintas) con este método. También los hay que van a la librería del corti con un libro gordo gordo y muy sobado, pero que por dentro está vacío, y meten dentro los libros que van pillando, pero este método es más propio de escritores que de lectores. Aquéllos siempre han tenido menos escrúpulos. Pídelo de risa, de polis, o de alguien que hable mal de alguien. Esos son los que se leen con mayor facilidad, y vienen bien para empezar. Entre los útiles más ...eso, para la lectura, se encuentra el punto o guardahojas, que es una tarjetita que te regala alguien muy cursi, con versos y florecillas, y que sirve para saber que vas por ahí cuando te quedas sopa leyendo (tomad nota de esto también como regalo socorrido, fino y barato). El cojín también es muy recomendable y de múltiples usos, ora para asiento de cabeza, o de lo otro, o para recostarse y apoyar el libro. Los libros gordos se llaman mamotretos, de estos no leáis, que pesan mucho y sólo dicen cosas antiguas. Yo una vez leí uno de medicina y hablaba de la lepra, la sarna, la tiña, el moquillo y cosas así. Son mejores los libros de bolsillo, porque se pueden manejar con facilidad. Los libros gordos suelen abrirse bien, porque van con hilitos, pero si te encuentras con un libro de los que van pegados con pegamento y cuesta mucho esfuerzo mantenerlo abierto, lo mejor es ponerlo en el suelo abierto boca abajo y pisarlo, así ya se queda abierto con facilidad. Algunos libros llevan dibujos, ojo, si coges uno de esos, déjalo, que es para niños, y si te ven leyéndolo vas a quedar como el culo. Si ya has empezado a leerlo y no lo puedes dejar, usa el método del intelectual: vas a una librería y mangas la cubierta de un libro de los de intelectuales, uno de Javier Marías, o Juan Manuel de Prada, o alguien igualmente sesudoo, o de alguno que salga en la portada con bufanda (puedes preguntar a la señorita de gafas de culo de vaso que está en la mesa del fondo comiéndose un lapicero). Una vez armado con la cubierta del libro para intelectuales, se la colocas por fuera a "El pequeño Vampiro" o lo que sea que estés leyendo. Si haces esto procura adoptar un semblante serio.
Dulce mañana, de entre tus cabellos dorados,